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| La oficina de CNA |
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| "Ninguna amenaza sin detectar", el lema del organismo |
Y hay una decisión que lo define: lo que se produce no se guarda en un cajón. Se reparte. Hacia la Nación y hacia las provincias, porque una alerta temprana que llega tarde no es una alerta, es una autopsia. El centro no duerme. Tiene un Watch Center encendido las 24 horas y tres secciones que resumen su oficio: detectar el peligro, analizarlo, difundirlo.
Nada de esto se improvisó. Lo creó el Decreto 717/2025 en octubre pasado. La SIDE puso la sede. Entre marzo y mayo se sumó el personal de cada organismo. En junio de 2026 abrió en plena capacidad. Meses de trabajo.
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| El Centro Nacional Antiterrorismo por dentro |
El 12 de junio pasaron por el primer taller de prevención de amenazas en escuelas 23 profesionales de esas mismas fuerzas. La calificación fue unánime: cinco sobre cinco, los veintitrés. El 74% se ofreció a seguir como referente. Y la idea más potente no la trajo un experto: la trajeron ellos. Pidieron una red federal permanente de enlaces, con mandato formal de sus instituciones. Otra vez la misma palabra, como una obsesión: coordinación. No pidieron más tecnología ni más presupuesto. Pidieron poder hablarse.
No es una intuición de principiantes. Es lo que la doctrina internacional sostiene hace décadas. El Centro Nacional de Evaluación de Amenazas del Servicio Secreto estadounidense, que funciona desde 1998, estudia la violencia dirigida y entrena a otros para detectar las señales antes de que alguien dispare. Su hallazgo es demoledor: en el 76% de los ataques masivos, el agresor había mostrado antes conductas que inquietaron a los que tenía cerca. El FBI lo dice sin anestesia: casi siempre, alguien vio venir la tragedia. El problema nunca fue la falta de señales. Fue no tener quién las junte.
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| Argentina vivió casos de terrorismo como el atentado a la AMIA y a la Embajada de Israel |
La Argentina sabe lo que cuesta llegar tarde y partida en pedazos. Las heridas de los atentados de 1992 y 1994 siguen sin cerrar. Por eso esto no es un organigrama más. Es el primer intento en serio de dejar atrás el sálvese quien pueda y montar un sistema que se adelante. Y de ser, además, lo que ningún vecino es todavía: referencia.
Viktor Frankl, que sobrevivió a los campos de exterminio nazis y de ese infierno sacó una filosofía sobre el sentido, escribió que entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, y que en ese espacio está nuestra libertad. Prevenir es eso. Ensanchar ese espacio. Robarle a la fatalidad los minutos que separan un aviso de una masacre.




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