viernes, 12 de febrero de 2016

Corea del Norte lanza otro cohete: Consecuencias y Opciones



Captura del video oficial del lanzamiento del Unha-4. KCTV

Por Michael Elleman

El 7 de febrero de 2016, Corea del Norte elevó un pequeño satélite en el espacio de la estación de lanzamiento de satélites “Sohae” utilizando un cohete de tres etapas y combustible líquido “Unha”. De acuerdo con un informe de CBS News, el satélite Kwangmyongsong-4 está en órbita alrededor de la tierra, pero está dando vueltas sin control y probablemente no operativo.

(Nota del traductor: La agencia de noticias Reuters confirmó más tarde, el día 10 de febrero, que el satélite está en una órbita estable y bajo control, aunque aún no ha emitido transmisiones).

El controvertido lanzamiento, viola múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que prohíben a Corea del Norte el uso de tecnologías de misiles balísticos, incluyendo el lanzamiento de satélites. Históricamente, Corea del Norte ha emparejado sus lanzamientos de cohetes con detonaciones nucleares unas pocas semanas después, aunque en este caso, el orden de los acontecimientos fue inverso.

Si bien todas las pruebas de misiles de Corea del Norte deben ser desalentadas y condenadas, la magnitud de las sanciones punitivas aplicadas al régimen, ya muy aislado, deben ser coherentes con la amenaza planteada por el tipo de cohete lanzado. Los ensayos en vuelo de misiles balísticos de largo alcance son mucho más amenazadores que el lanzamiento de un satélite con un cohete diseñado para misiones espaciales. Los esfuerzos estadounidenses para disuadir y prevenir que Corea del Norte de pruebe en vuelo el KN-08, Musudan u otro misil balístico de largo alcance deben tener prioridad sobre los lanzamientos de satélites indeseadas utilizando el Unha o cohetes equivalentes.

Antecedentes

Corea del Norte ha disparado cinco cohetes de largo alcance desde 1998. La primera prueba en agosto de 1998 tuvo como protagonista al Taepodong-1, un cohete de tres etapas lanzado desde el sitio Musudan-ri en la costa oriental de la península. Las dos primeras etapas se comportaron como fueron diseñadas, y la tercera etapa de se separó de la segunda, pero falló poco después. La tercera etapa y el satélite se precipitaron al Océano Pacífico a unos 1.600 kilómetros del lugar de lanzamiento.

Ocho años después del lanzamiento del Taepodong-1, Corea del Norte lanzó un cohete mucho más grande en julio de 2006. El Taepodong-2, como fue nombrado por la inteligencia estadounidense, explotó a sólo 42 segundos de su vuelo. No se tomaron fotografías o videos de del lanzamiento.

El 5 de abril de 2009, Corea del Norte intentó poner un pequeño satélite en órbita mediante un cohete de tres etapas Unha-2 desde Musudan-ri. Datos de vuelo recogidos y difundidos por las Fuerzas de Autodefensa japonesas indican que las dos primeras etapas se comportaron según lo previsto. El fallo de la tercera etapa durante la separación de la segunda o un mal funcionamiento del encendido de sus motores, condenó el vuelo, haciendo que la tercera fase y el satélite dieran vueltas fuera de control y cayeran en el océano aproximadamente a 3.200 kilómetros desde la base de lanzamiento. Las fotografías y video del lanzamiento transmitido por la televisión estatal de Corea del Norte ofrecen un primer vistazo público del tamaño del cohete y a la configuración aproximada.

Tres años más tarde, una versión ligeramente modificada del Unha-2, llamado Unha-3, fue montado, preparado y luego lanzado desde el nuevo sitio Sohae el 12 de abril de 2012. A medida que el cohete se elevó hacia el sur como era de esperar, falló aproximadamente a 100 segundos de iniciada la operación de la primera etapa. La naturaleza exacta de la falla es desconocida, aunque los restos de la primera etapa fueron recuperados por Corea del Sur. El análisis de los restos confirmó que la primera etapa consiste en un grupo de cuatro motores Nodong, operando cada uno de forma independiente, y cuatro pequeños motores vernier para dirigir el cohete.
Unha-3 en la plataforma de lanzamiento, abril de 2012
Sungwon Baik / VOA

En noviembre de 2012, Pyongyang declaró que iba a intentar por segunda vez lanzar el satélite Kwangmyongsong-3 a una órbita heliosincrónica. El montaje, inspección de los sistemas alimentación de combustible del Unha-3 en las instalaciones de Sohae continuaron durante unas dos semanas. El mal tiempo problemas técnicos menores retrasaron el lanzamiento unos días adicionales. El 12 de diciembre de ese año, el Unha-3 puso con éxito un satélite en órbita, aunque el satélite no logró estabilice y orientarse con respecto a la superficie de la tierra, impidiendo la captura de imágenes de la superficie de la tierra, para lo que fue diseñado.

El lanzamiento más reciente es casi una repetición del evento de diciembre de 2012, aunque el satélite Kwangmyongsong-4, según los informes, pesa 200 kg, aproximadamente el doble que la anterior. Esto puede ayudar a explicar por qué las zonas señaladas para la caída de la primera y segunda etapas fueron ligeramente menores que para el lanzamiento de 2012, aunque otras posibilidades pueden haber contribuido al cambio.

Los parámetros orbitales del Kwangmyongsong-4 (501 x 466 km, a 97,5 grados) difieren de la órbita heliosincrónica que Corea del Norte pronosticó, lo que sugiere que el cohete Unha experimentó una pequeña desviación. Además, los EE.UU. anunciaron que el satélite estaba cayendo en su órbita, otra señal de que el mecanismo que libera el satélite de la tercera etapa no funcionó como se espera. Sin embargo, Corea del Norte tuvo éxito por segunda vez en colocar un objeto en órbita.

¿Lanzamiento de satélites o prueba de misiles balísticos?

El lanzamiento de satélites, especialmente los destinados a órbitas bajas, inicialmente impulsan hacia arriba, pero luego aceleran a la carga útil en una trayectoria casi paralela con la superficie de la tierra para alcanzar la velocidad necesaria para mantener la órbita. Los motores bajo empuje se utilizan normalmente durante la última fase de la trayectoria de elevación para lograr la velocidad radial necesaria. La altura máxima de la carga útil es del orden de 200 a 500 km, dependiendo de los parámetros orbitales requeridos por la misión. Los misiles balísticos, en el otro lado, impulsan la ojiva a grandes alturas, lo que permite a la carga útil precipitarse hacia el suelo a una distancia máxima. Un misil balístico intercontinental (ICBM), con 10.000 kilómetros de alcance llega a una altura máxima de más de 1.000 km, con una trayectoria de energía mínima (es decir, el máximo alcance). La elevación de una cabeza nuclear a tales alturas requiere motores de gran empuje para evitar pérdidas de gravedad mientras se acelera hacia arriba.

Con la excepción del lanzamiento del Taepodong-2 de julio de 2006, que estalló demasiado pronto en su trayectoria de despegue para determinar su misión, todos los otros grandes cohetes lanzados por Corea del Norte fueron diseñados para maximizar su rendimiento como lanzaderas satelitales. En cada caso, el Taepodong-1 y el Unha volaron en trayectorias totalmente consistentes con el lanzamiento de un satélite. Además, el Taepodong-1 utiliza un motor de bajo empuje (Isayev 5D67) proveniente de un sistema de misiles de densa aérea S-200 (designación OTAN SA-5).

Los datos de vuelo que se muestran en la sala de control durante el lanzamiento en diciembre 2012 del Unha-3, indican que la segunda etapa es un misil Scud-B modificado con un fuselaje de mayor diámetro para contener más combustible. La tercera etapa es probablemente similar a la encontrada en el cohete Safir de Irán, que se compone de motores vernier, ya sea del misil balístico de lanzamiento submarino (SLBM) soviético R-27 (designación OTAN SS-N-6), u otro sistema soviético, tales como el ROTA, nunca desplegado por la Unión Soviética. El uso de etapas superiores bajo empuje y lenta combustión en el Unha es óptima para misiones espaciales, aunque si se utiliza como un misil balístico, los motores sufrirían pérdidas de gravedad significativas durante su trayectoria ascendente, robando al misil de aproximadamente 800 kilómetros de alcance.

¿Puede un vehículo de lanzamiento de satélites ser usado o convertido en un misil balístico intercontinental?

Sin lugar a dudas, los cohetes diseñados para impulsar un satélite en órbita y misiles balísticos de largo alcance emplean muchas de las mismas tecnologías, componentes clave y características operativas. Hay, sin embargo, elementos clave que distinguen a lanzadores satelitales de misiles balísticos, aparte de carga útil propiamente dicha. En primer lugar, las cargas útiles de misiles balísticos deben sobrevivir a los rigores de la reentrada en la atmósfera terrestre. La protección de la carga útil de un misil de largo alcance del calor extremo y fatigas estructurales experimentadas durante la reentrada requiere el desarrollo y la producción de materiales especiales, así como pruebas y validación en condiciones reales.

En segundo lugar, como se indicó anteriormente, los vehículos de lanzamiento de satélites y los misiles balísticos de largo alcance emplean trayectorias claramente distintas para cumplir sus respectivas misiones. Las diferentes requieren diferentes sistemas de propulsión para un rendimiento óptimo. Uno no puede simplemente intercambiar un motor por otro y esperar que el misil cumpla con fiabilidad. Se necesitan pruebas de vuelo múltiples de la nueva configuración para validar el rendimiento y fiabilidad.

Una tercera diferencia, menos obvia reside en los requisitos operacionales. Antes del vuelo, los lanzadores satelitales, a diferencia de los misiles balísticos, son preparados en un período de muchos días, si no semanas. Componentes y subsistemas son comprobados y verificados antes de su lanzamiento, y el comandante de la misión tiene la flexibilidad necesaria para esperar al clima ideal antes de iniciar la cuenta regresiva. Si una anomalía apareció durante la cuenta regresiva, los ingenieros pueden retrasar el lanzamiento, identificar y solucionar el problema, y reiniciar el proceso. Recordemos que los cohetes Unha lanzados hasta la fecha han requerido al menos una semana, sino un mes completo para montar y preparar su lanzamiento.

Comparación entre el Unha-3 y KN-08 (estimado)
Imagen: John Schilling/38 North

Por el contrario, los misiles balísticos, al igual que otros sistemas militares, deben funcionar de manera confiable bajo una variedad de condiciones operativas, con poca o ninguna advertencia. Estos requisitos operativos imponen un sistema de validación más riguroso, que incluye un extenso programa de pruebas de vuelo. Normalmente, sólo después de completar con éxito las pruebas de validación es un misil considerado listo para el combate. Este último requisito y la necesidad de garantizar la supervivencia prelanzamiento explican por qué los soviéticos y los estadounidenses nunca convirtieron un lanzador de satélites en un misil balístico, aunque el proceso inverso ocurrió con frecuencia. China desarrolló sus primeros misiles de largo alcance (DF-3, DF-4, y DF-5) y lanzadores satelitales (CZ-2 y CZ-3) en paralelo. Sin embargo, la ejecución de los programas de desarrollo en paralelo no elimina la necesidad de llevar a cabo un conjunto completo de pruebas de vuelo durante muchos años para los misiles militares. Los programas simultáneos tampoco acortan los plazos de desarrollo de manera significativa.

Corea del Norte ciertamente podría optar por modificar la plataforma de lanzamiento de satélites Unha para su uso como un misil balístico, aunque la transformación no sería simple o rápida. Todavía habrá una necesidad de pruebas de vuelo las Unha transformados en misiles balísticos. Si Corea del Norte construye un misil balístico usando las dos primeras etapas de un Unha-3, el misil hipotético podría lograr un alcance máximo de 4.000 a 6.000 km, dependiendo de los detalles de configuración. Para llegar a el territorio continental Estados Unidos, una tercera etapa de gran alcance tendría que ser desarrollada y se añadida a las dos primeras etapas del Unha-3. El misil seguiría siendo poco adecuado para su uso como un misil balístico, sin embargo, especialmente si el motor de bajo empuje Scud se siguiera usando en la segunda etapa.

La Unión Soviética consideró una actualización similar en 1957, cuando la Oficina de Diseño Yangel sugirió combinar los impulsores principales de los misiles R-12 y R-14 para crear el ICBM R-16. El R-16 se desarrolló con éxito, pero sólo después de un rediseño sustancial, incluyendo el desarrollo de nuevos motores que utilizaban propelente con más energía. La experiencia soviética sugiere que Corea del Norte podría encontrar difícil y lenta la construcción de un misil balístico intercontinental operativo derivado principalmente del hardware del Unha-3.

Corea del Norte podría contemplar el uso de los Unha-3 como base para un ICBM para uso de emergencia en las peores circunstancias. El misil pesaría más de 90 toneladas, por lo que es demasiado grande y pesado para ser desplegado en una plataforma de lanzamiento móvil. Despliegue en silos podría ser posible, pero Corea del Norte es un país relativamente pequeño, con una profundidad estratégica limitada, y tendría dificultades para ocultar la ubicación de sus silos. Todos los silos de Corea del Norte estarían menos de 200 km de la costa y por lo tanto vulnerables a ataques preventivos por parte de potencias militares avanzados, como los EE.UU., o a ser interceptados durante la etapa de elevación por sistemas SM-3 desplegados en los buques Aegis patrullando cerca de la península coreana.

Para un ICBM, un nuevo diseño parece más probable. En abril de 2012, Corea del Norte dio a conocer maquetas de un misil móvil, de largo alcance, denominado Hwaseong-13 o, en la nomenclatura de los Estados Unidos, KN-08, durante un desfile militar en Pyongyang. El misil nunca ha sido probado, y no se conoce el origen y la configuración del hardware. La configuración del KN-08 también ha sufrido modificaciones, como se sugiere en la última exhibición del misil durante un desfile militar en Pyongyang. Si propelentes con más energía que los utilizados por los Unha-3, Nodong o Scud han sido empleados el nuevo misil podría ser capaz tener alcance intercontinental. Pero hasta que sea probado en vuelo, tales posibilidades siguen siendo especulativas.

Hay informes de que Corea del Norte ya ha desplegado el KN-08, así como el Musudan. Debido a que ninguno de estos misiles ha sido probados vuelo, Pyongyang necesariamente tendría que asumir un gran riesgo de fallas si intenta disparar uno. Una revisión superficial del desarrollo de la primera y segunda generación de misiles balísticos de largo alcance, y lanzadores satelitales, en los EE.UU., la Unión Soviética, China y Francia muestran que un nuevo misil tiene más probabilidades de fracasar que tener éxito durante la primera media docena vuelos. El cohete Unha de Corea del Norte fracasó tres veces antes de tener éxito. Mientras que un misil balístico no probado podía dispararse durante una crisis que amenace directamente al régimen de Kim Jong Un, no puede ser visto como una capacidad estratégica confiable.

¿Cómo deberían responderlos EE.UU.?

Corea del Norte ha puesto con éxito dos objetos en órbita usando variaciones del cohete Unha. Este logro se produce después de tres intentos fallidos utilizando un cohete Unha, y uno fallido con un Taepodong-1. Los resultados sugieren que los ingenieros norcoreanos han aprendido cómo diseñar, montar y operar un cohete de etapas múltiples, registrar datos de vuelo suficientes para identificar y corregir el mal funcionamiento de los subsistemas o procesos, y sistemáticamente mejorar el rendimiento y la fiabilidad. Futuros lanzamientos de satélites, utilizando tecnologías del Nodong y del Scud probablemente mejorarán la fiabilidad del Unha, y facilitarán el desarrollo de una versión más grande, tal vez el Unha-9. La experiencia acumulada y el conocimiento de lanzamientos de satélites pasados y futuros no contribuirán significativamente al diseño y desarrollo de un misil balístico de largo alcance viable y fiable. Como la historia ha demostrado, la actividad de lanzamiento de satélites no proporciona un atajo. Si Corea del Norte quiere tener una capacidad nuclear creíble, una que amenace los Estados Unidos directamente, necesariamente tendrá que comprometerse a un programa de pruebas de vuelo extenso que incluya a los misiles balísticos KN-08 y Musudan.

Ya que nunca ha probado en vuelo los Musudan o KN-08, Pyongyang no tiene ninguna medida de sus respectivos rendimiento y fiabilidad. Amenazar con el uso de los misiles no probados sería una arriesgada aventura. Los misiles balísticos de largo alcance de primera y segunda generación desarrollados por los EE.UU., los soviéticos, chinos y franceses fallaron sus primeras diez pruebas de vuelo con más frecuencia que de las que tuvieron éxito. El Unha falló en sus tres primeros disparos. Por lo tanto, Pyongyang tendría que asumir un gran riesgo de fracaso si amenaza con lanzar o disparar el KN-08, Musudan u otro misil de largo alcance antes de validar su confiabilidad. Por lo tanto, es muy poco probable que Pyongyang pueda elegir sus misiles no probados, excepto bajo circunstancias extremas, como estar bajo una amenaza militar directa por un ejército extranjero.

Evitar que Corea del Norte realice ensayos en vuelo con uno o ambos de estos misiles o sistemas similares de largo alcance, debe ser una prioridad estratégica para Washington, en segundo lugar solamente a evitar que Pyongyang transfiera material o tecnología nuclear, y la detonación de bombas nucleares adicionales. Si Corea del Norte tiene éxito en el desarrollo de los KN-08, o su equivalente, podría amenazar el territorio continental de los Estados Unidos y erosionar los compromisos de disuasión extendida de larga data de Estados Unidos con Corea del Sur, Japón y otros aliados regionales. Disuadir a futuros lanzamientos de satélites es importante, pero no a costa de la prevención de las pruebas de misiles de largo alcance.

Original: North Korea Launches Another Large Rocket: Consequences and Options

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