martes, 13 de junio de 2017

Polémica por las casas chinas que se quieren importar

Un acuerdo comercial con China podría incluir la construcción de un millón de viviendas sociales. Los especialistas alertan sobre calidad y costos. Cuál es el déficit habitacional.

Extrajeras. Las viviendas chinas utilizan una tecnología que ya es conocida en el país pero garantizan una casa cada 7 días.

La intención del Gobierno Nacional parece clara: importar viviendas prefabricadas de China para dar respuesta rápida a un déficit habitacional que no para de crecer.
Barrios. El sistema de viviendas prefabricadas que ofrece China está pensado para lotes individuales y conjuntos de mediano tamaño.

No son pocas las voces que alertan sobre el impacto negativo que representaría esta medida en la actividad del sector de la construcción. Una dato clave si se considera que es la industria que mayor empleo genera. Desde el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), su presidente, Augusto Penedo expresó preocupación por la iniciativa. “Nos resistimos a pensar que traer ‘todo hecho’ resuelve un problema de vivienda social, ya que la construcción no solo provee un hábitat digno, si no que genera cientos de puestos de trabajo”, explicó.

Altura. La tecnología de prefabricación permite construir viviendas de hasta 5 pisos.

Por el contrario, para el arquitecto Eduardo Cunha Ferré, ex presidente del Colegio de Arquitectos de Corrientes y de FADEA, “las casas necesitarán mano de obra local, ya que habrá que hacer las urbanizaciones, las infraestructuras, los cimientos y las terminaciones”.

En el mismo sentido, el Gobierno asegura que la importación de viviendas no afectará la actividad ya que requerirán “entre un 50 y un 60 por ciento de componente local y 100 por ciento mano de obra argentina”. En ese esquema, los empresarios chinos aportarán gerenciamiento y financiación. “No me asusta -dice Cunha Ferré-; es mentira que le quitarán trabajo al sector de la construcción. Al contrario, aportarán soluciones adicionales a la necesidad histórica de viviendas en nuestro país, darán trabajo adicional al que comúnmente hay… y el Estado hará mas viviendas”.

En fábrica. La prefabricación mejora la eficiencia, la calidad de terminación y la seguridad de los operarios.

Para José Ignacio Miguens, ex presidente del CPAU, importar viviendas es desaprovechar el potencial económico y social de construirlas íntegramente en el país. “Se está desperdiciando la oportunidad de activar el excepcional motor social que es la auto construcción. Hoy más del 50% del costo de la construcción es mano de obra. Con un plan de autoconstrucción racionalizada, materiales y coordinación se pueden solucionar el deseo, y la necesidad de una vivienda propia que tienen amplios sectores de la sociedad, como la falta de trabajo que sufren”, sostiene y agrega que en lugar de pagar costo, ganancia y patente china, se podrían pagar materiales, mano de obra y tecnología local.

Armado. Las piezas se colocan sobre losas de hormigón en el piso, como si se tratara de un juego que funciona con la ayuda de grúas.

Todo indica que el “negocio” empezó a tomar forma en diciembre pasado, antes del viaje de Mauricio Macri a Oriente y luego el Presidente empezó a evaluar la posibilidad de construir un millón de viviendas con las piezas chinas prefabricadas. Para el CPAU, otro problema es que no se han informado las características técnicas de las unidades que se implementarían en nuestro territorio. “No se sabe si existen adecuados estudios para optar por ésta alternativa constructiva, que fue pensada para el ciudadano chino medio. Los argentinos no somos iguales, ni en cultura, ni densidad poblacional”, explican. A poco de surgir la versión oficial, algunas fábricas chinas se anotaron con modelos unifamiliares y edificios de hasta 6 pisos.

Los directivos de la firma Sany Heavy Industry, por caso, afirman que pueden armar casas usando paredes de hormigón que se encastran como si se tratara de un Rasti. Los techos serían de tejas y las terminaciones similares a las de un chalé tradicional. Todo, en sólo 7 días. Los rendimientos que prometen los chinos son asombrosos. Aunque en cuanto a tiempos de construcción, las fechas siempre son elásticas.

En partes. Las piezas se hacen en taller y se llevan en camiones para ser colocadas por grúas en el lugar.

Lo llamativo es que la iniciativa gubernamental parece desconocer los sistemas de construcción en seco que existen en la Argentina. Y que además, cumplen con reglamentaciones y normativas locales. Mas allá de la conveniencia o no de los términos de intercambio, queda claro que para los especialistas locales, los prototipos chinos dejan dudas sobre los estándares mínimos. “Hay poca información y uno tiende a pensar lo peor”, declara Miguens.

Se sabe que en China, el costo de viviendas como las que hace Sany ronda los 650 dólares por metro cuadrado, un valor bastante menor a los 1.200 dólares que cuesta el metro cuadrado estándar en estas costas. Peor aún, si se tiene en cuenta que el Gobierno asegura que una vivienda social le sale algo más que 80 mil dólares. Sin embargo, muchos se preguntan si los valores chinos contemplan el 52% de impuestos que carga la producción de insumos de la construcción local.

Cunha Ferré asegura que las viviendas chinas no moverán la aguja del déficit habitacional. “Por lo que vemos, son casitas para indigentes, representarán un alivio aunque no sean de primera calidad. Pero no mejorarán lo que se viene haciendo históricamente en la Argentina”.

Un estudio presentado por el Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires asegura que en Argentina, con 12,2 millones de hogares, el déficit habitacional es de 3,5 millones de viviendas. El 50% del déficit habitacional total está concentrado en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

Fuente: Clarín

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