La reciente actividad de los grupos de ataque de portaaviones estadounidenses en torno a Irán ha vuelto a poner en primer plano la competencia submarina en el Golfo Pérsico, justo cuando los submarinos más pequeños de Irán alcanzan su madurez operativa. Se estima que Irán desplegará una flota submarina de aproximadamente 28 a 30 submarinos, la mayor parte de los cuales estarán compuestos por minisubmarinos diseñados para la restrictiva geografía del Golfo. Con un portaaviones estadounidense ya desplegado en la región de Oriente Medio y con indicios de que podría sumarse un portaaviones adicional a la escolta habitual, la pregunta no es tanto si Irán puede igualar el poder naval estadounidense, sino cómo puede complicarlo. Este análisis examina el elemento más disruptivo operativamente de la fuerza submarina litoral iraní, el submarino enano clase Ghadir, y explica por qué su diseño técnico y su doctrina orientada a emboscadas pueden generar una fricción real en las operaciones de portaaviones y escoltas estadounidenses, incluso sin lograr el control marítimo convencional.
El Ghadir está diseñado específicamente para lo que podría describirse como una guerra litoral extrema. Con aproximadamente 117 toneladas en superficie y 125 toneladas sumergido, su pequeño desplazamiento y casco compacto están adaptados a las escasas profundidades del Golfo y al congestionado fondo marino, donde los submarinos de mayor tamaño corren el riesgo de encallar y donde el rendimiento del sonar es notoriamente inconsistente. La lógica estratégica de Irán es clara: el Golfo Pérsico no es un escenario oceánico abierto; es un laberinto de plataformas costeras, vías de separación de tráfico, islas, infraestructura petrolera y el ruido acústico de la densa navegación comercial. En ese entorno, un pequeño submarino diésel-eléctrico es menos un caza de altura a escala reducida y más una sigilosa plataforma costera de emboscada diseñada para aparecer, atacar y desaparecer.
En cuanto a su linaje y producción, múltiples evaluaciones de fuentes abiertas coinciden en una conexión con Corea del Norte. Se considera ampliamente que el Ghadir se basa en la clase Yono norcoreana, con al menos un Yono suministrado a Irán en 2004, seguido de la construcción iraní de su propia variante modificada. El tamaño de la flota sigue siendo deliberadamente opaco, pero las estimaciones más creíbles oscilan entre 20 y 23 buques operativos. Para los planificadores estadounidenses, la cifra exacta importa menos que el efecto operativo de suficientes cascos para sembrar múltiples cuellos de botella simultáneamente y absorber pérdidas en un combate de alto nivel.
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