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domingo, 21 de agosto de 2016

La pelea por Siria: Rusia toma la delantera en la región y sacude el mapa geopolítico

Guerra y política

Se alió con Turquía y escaló los bombardeos. Así logra fortalecer al régimen sirio y a Irán y acorrala al ISIS. Pero crece la tensión con las fuerzas de los EE.UU.
Expansión. El presidente ruso Vladimir Putin que extendió la influencia del Kremlin en la guerra siria. (EFE)

Un peligroso incidente entre cazas estadounidenses y sirios, que se cruzaron a menos de 2 km, y un arrasador atentado en la frontera turca con el país árabe, ambos ocurridos ayer, son emergentes del profundo giro que se está produciendo en el mapa geopolítico de la región, contorneado de un modo imprevisible por el liderazgo de Rusia.

Este hecho y el atentado en la provincia turca de Gaziantep (ver aparte) atribuido al ISIS –la agrupación terrorista que hasta hace poco tenía fluidas relaciones con Ankara–, marca el frágil equilibrio que sostienen las múltiples fuerzas involucradas en el conflicto, y especialmente las potencias vinculadas a los distintos bandos en guerra. Siria se convirtió en el trasfondo de un nuevo escenario geopolítico, que se construye entre acuerdos espurios y disputas de poder. El inicio de un nuevo orden regional, donde Rusia tomó la delantera.

El gobierno de Vladimir Putin viene tejiendo una serie de alianzas que lo ubican en una posición privilegiada, donde el ex hombre fuerte de la KGB intenta recuperar el poder económico, político y militar que perdió Moscú con la caída de la Unión Soviética.

Lo sorprendente es que el ascenso de Rusia no se da en su mejor momento. El gas y el petróleo consolidan casi la mitad de su presupuesto, y hoy en día son dos bienes en baja cuyos precios se redujeron en un 40% en dos años. Las sanciones impuestas por Occidente a Moscú a raíz de la anexión de Crimea también dañaron su economía: en 2015 tuvo una contracción del 3,7%. Su PBI actual se redujo casi un 40% respecto al 2013.
Bombardeos rusos descargan sus bombas en el norte de Siria. (EFE)

Esto no le impidió a Putin lanzar una costosa campaña militar en respaldo de Assad, o en su frontera con Ucrania para fortalecer a los separatistas. Moviendo los engranajes de la negociación política, buscó a Irán como un poderoso aliado en la región y un futuro socio comercial. Teherán ya le facilitó sus bases para lanzar sus cazas y bombarderos sobre los rebeldes sirios.

Doblegó a Turquía, cuyo presidente Recep Tayyip Erdogan fue a pedir disculpas personalmente por derribar un caza ruso en territorio sirio. La nueva alianza de Rusia con los turcos es un fuerte golpe de efecto. Turquía fue históricamente un aliado de Occidente, una potencia regional integrada a la OTAN, pero ahora su gobierno islámico muestra cierto resentimiento con Washington y Europa –a causa de varios desplantes, entre ellos la demora en incorporarlo a la Unión Europea– y prefiere incorporarse a círculo de Putin.

Este fin de semana se expresó claramente el acuerdo cuando los aviones sirios, provistos por Rusia, atacaron a los kurdos que intentan conformar un territorio propio en el norte de Siria. Ankara tiene una eterna disputa con los kurdos, a los que margina y persigue permanentemente.

Claro que el gobierno turco tuvo que pagar el precio. Primero, aceptó que Assad lidere la transición en un eventual nuevo gobierno. Antes reclamaba su caída a sangre y fuego: inclusive respaldó a grupos terroristas ultraislámicos como el ISIS para lograr ese objetivo. Segundo, tuvo que hacer las paces con el gobierno shiíta de Irán, con quien mantenía una histórica rivalidad por el control de la región.

Todo este movimiento de piezas es parte de la nueva estructura de poder que viene construyendo Putin, lenta y eficazmente. Este es el marco político, pero también desarrolla su costado económico con fuerte influencia sobre países asiáticos.

Moscú tiene como socio a una de las dos mayores potencias mundiales: China, con quien viene haciendo negocios hace tiempo. Estructuró la Unión Económica Euroasiática, que incluye a Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Bielorrusia y Armenia. También avanzó con proyecto comunes junto a Azerbaiyán. Ahora está desarrollando un corredor de transporte Norte-Sur para unir el territorio de la India con el Norte y el Oeste de Europa a través de Irán y Rusia, en una ruta de 7200 km. Por allí piensa transportar cinco millones de toneladas anuales de carga.

Tal vez sea su jugada más compleja, porque está cambiando las nociones de soberanía vinculadas a los recursos, las barreras comerciales de cada país y las legislativas. Pero está construyendo un enorme mercado asiático para negociar como bloque.

Pero la jugada más peligrosa sea la militar. No sólo modernizó de una manera notable sus fuerza aérea, la armada y el Ejército, sino que además se atrevió a desafiar los límites que en algún momento le impuso Occidente. El escenario de Siria es elocuente en este sentido. En un año su intervención le permitió a Assad recuperar el terreno perdido y pelear la transición.

El episodio de este fin de semana en Hassaká es una muestra de que está dispuesto a jugar a fondo. Aviones sirios Sujói 24, provistos por Rusia, atacaron milicias kurdas respaldadas por EE.UU. Inmediatamente el Pentágono envió cazas F22 a proteger a sus aliados. Putin sabe que es un terreno minado, sumamente peligroso si Washington reacciona, pero aún así se atreve a atizar el fuego.

En algunos sectores conservadores de EE.UU. y Europa consideran que Putin sólo está llenando los espacios que abandonó Barack Obama. Pero son mayoría los analistas que consideran que esta nueva estructura geopolítica es obra propia del líder ruso, que no repara en medios ni tropieza con escrúpulos. Los engranajes se están moviendo, al ritmo del oso ruso.

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